Por la jeró o por la cara, que viene a ser lo mismo. ¡Si señor! Esto es una entrada para promocionar mi libro, que ya va siendo hora.
Como quiera que estoy trabajando en otra novela, casi a punto de terminarala -que veréis como os rechupáis los dedos- pues le vamos a echar una manita a este primer libro. Así, cuando el otro salga, ya tendrá un antecedente en quien mirarse.
El caso es que lo brindaré gratuitamente por internet, capítulo a capítulo, en esta dirección web de modo que todo el mundo tenga acceso.
Como es evidente también está a la venta, para lo que hay que dirigirse a esta otra en la que incluso lo podeis descargar a precio de risa. Evidentemente, no editado. Porque editado ya vale su justo precio.
Cualquiera de ambas opciones, están en el link de más arriba, y la vista previa también.
Y para que vayais abriendo boca, aquí os dejo la introducción:
"Dedicado a mi padre.
Y también….
…a la memoria de Carmen Ordóñez Dominguín, porque no mereció el escarnio. Porque nadie fue capaz de defenderla; y muchos de quienes la atacaron deberían guardar silencio, mientras buscan en sus desvanes.
A Pepito Gómez, ex de los Marismeños –entrañable, Pepito- por su capacidad para dar la cara, y salir de ese maldito pozo sin fondo.
Dedicado a mi amigo Antonio “El cordobés”, y a Lola Flores, por concebir lo que les dio la gana, pasándose los convencionalismos por el arco del triunfo (el de ella, claro)
Dedicado, en fin, a quienes sean capaces de salvar el engaño absurdo, y dejar de hacer las cosas por el “que dirán…”
La elección del título está basada en pura alegoría. El protagonista despertaba al mundo desde una tormenta anímica muy particular, de proporciones alarmantes para su adolescencia. Descubrir el primer gran despropósito a la tierna edad de doce años, le llevó a iniciarse en una rebelión constante, ante todo lo que supusiera mandato.
Esto le acarrearía una controversia tras otra; un sinsentido antes que el siguiente; un revolcón después de levantarse. A veces provocados por él, y las demás, por factores externos.
La obra relata la historia real de un personaje, que nacido a principios de los cincuenta, se vería injerido por una corriente de evolución, que él mismo dividiría en tres bandos: Dos de ellos, los que acababan de enfrentarse en una desgraciada guerra civil; y el bando restante, que recogería todos los desperfectos.
Eran los que venían de nuevo, inocentes y desconocedores del reciente pasado, con verdaderas ganas de cambiar todo aquello que no les gustaba de lo que oían o veían. Luchar, sin más remedio, contra los coletazos estertóreos del monstruo que agonizaba: La insidiosa y asquerosa guerra entre hermanos.
Y hacerlo extensivo a los que se empeñaban en mantener las diferencias. <
Los que se habían constituido en conductores de aquella temblorosa estructura social, acababan de descubrir al
El totalitarismo; predicado, demostrado y salpicado hasta la saciedad, por el gobierno de la nación, adquiría prosélitos en grandes cantidades, a pesar, de los que se oponían al régimen. Todo el mundo otorgaba un iluminado raciocinio al máximo exponente del dictado.
Y, como él; el sumo pontífice del dedo; el que decidía quien moriría o no, era católico... la religión para muchos, era un Estado. Y el Estado, religión para los más del resto.
Donde se aprovechaba <
Su paso por el seminario menor de Orense le dejó constancia de estas filosofías, además, de una gran cultura de la lengua latina:
Aunque en el momento actual, no se reconozcan éstos términos, dado la gran facilidad para la corta memoria histórica, Pablo Rosales Cudeiro, personaje que dio lugar a esta narración, sabía muy bien que a la muerte de aquél caudillo, sus seguidores -gran parte de los españoles adultos de entonces- dieron media vuelta, y miraron hacia otro lado. A partir de aquel momento, "todos ellos" se auto proclamaron demócratas.
Curiosamente, ya no parecía existir aquella muchedumbre que le vitoreaba en la Plaza de Oriente.
Pues, ¡que lo sepan todos!...en los estamentos oficiales; en todos los centros de enseñanza -al menos los que él conoció, que no fueron pocos-; y en los mismísimos senos familiares, se impartía un régimen dictatorial, puro. Y en ocasiones, muy duro. Y segurísimo, que no había cámaras vigilando. ¡Que nadie crea en patrañas! Eran así, sin más; y, sin que estuvieran los gobernantes, detrás de ellos con una escopeta.
Y todos los mayores, sin excepción, se entendían unos con otros y no se podía dar un paso sin que lo supieran en casa.
En todas las escuelas que estuvo Pablo -por vivir de mudanza en mudanza- nunca vio un escrito, ni se acercó por allí algún dictador, para decirles a los maestros que pegasen a los niños con varas. Ni que les tirasen de los pelos. Ni que determinados profesores, se congratularan de tener las mejores ramas de abedul, para "prepararlas" como punteros y usarlas como castigo. Por lo tanto, lo hacían de motu-propio.
Por encima del dictador, debía estar la libertad de elección. Sí, que se carecía de libertad para muchas cosas; pero, para decidir la forma de ser de cada uno, existía la misma que siempre. ¿Acaso alguien manda en el interior de las personas?
Y pueden estar seguros todos los que no vivieron esas épocas, que no había un guardia al lado de cada español. Ni quimeras de denuncias de vecinos, como se han visto en otros regímenes. Al menos, no en su entorno.
Más bien, cada uno, era su propio guardián. ¿Qué ocurría…? que les debía parecer más sencillo elevar el palo, quizá, que oir y usar la palabra.
Más culpable debe ser quien sin presión, sigue presionando a los demás. Más hijo de puta, (con perdón de las rameras, siempre) sería el que pegaba, sin que nadie le obligase.
Y es que, ni aún obligándole, caramba.
¿Quién era un régimen para decidir las conductas privadas?
Pablo Rosales Cudeiro, pensaba que el resto de la gente -sobre todo los mayores- se empecinaban en una constante: Creían que, desde la intransigencia, resultaría fácil el control del intelecto. Y que así, podrían dominar mejor a los jóvenes que empujaban contra los formulismos.
Inexcusable error, pues para ese, no hay rejas posibles. El pensamiento jamás se podrá encerrar en ningún sitio.
Constituido en rebelde por naturaleza, y, obligación implícita para no obedecer, desarrollaba una manera muy peculiar para enfrentarse a los despropósitos. Con especial devoción por todo lo que resultase gracioso o esperpéntico, hasta que el avance en el tiempo le fue cambiando.
Intrépido, resuelto, apasionado, y, extrovertido por propia intención, luchaba para mostrarse subiendo por encima de tinieblas y convencionalismos. Esta actitud, le colocaba en el disparadero en determinadas etapas de su vida, para ser atacado por sus detractores sin ninguna piedad.
Obedecer sin rechistar y encasillarse en la monotonía, nunca sería lo suyo.
Por diversos factores de su conducta (sino o destino, llámese como se llame) se codeó con artistas de todos los campos, y personajes en general del escaparate farandulero. Compartiendo vivencias y amistad con más de uno.
En su entorno, en ciertas épocas, fue más famoso que los propios famosos. ¡Todo un personaje…! que él mismo se creó, a base de respeto de ida y vuelta.
Y por todo ese cúmulo de circunstancias, también, se convirtió en ácrata y agnóstico. Independiente y sin complejos. Aguerrido luchador cuando vinieron maldadas, y defensor a ultranza de libertades imposibles.
Amó, vivió… rió y lloró; pero nunca fue amado.
Sí, que se sintió muy querido en muchísimas ocasiones. Pero el verdadero amor…-ese que todos perseguimos- el formar una familia y criar hijos, siempre se le negó. Paradójicamente, a que lo intentó de veras.
Poeta frustrado, y padrino que no padre, recorrió la vida sin tapujos. Envuelto en submundos en los que pudo pasar de todo, y en los que, si se supiera quienes le acompañaban podrían arder noticias. Pero callaría siempre los que de verdad, se jugaron la vida cerca de él.
De agente del orden, a detenido con cargo de atentado a la policía; como de rico a pobre, pasó, sin que en su fuerte espíritu existiese ninguna mella.
Mujeriego y trasnochador; nada escrupuloso con el alcohol y las sustancias; amante acérrimo de la buena vida; indiscriminado con las amistades frecuentadas, de cualquier género o forma existencial; sin prejuicios, y abanderado a muerte del libre pensamiento, unido a la rebelión de su espíritu, aún muy joven... era suficiente para ser catalogado de GOLFO. Según determinados criterios, épocas, o entornos.
He aquí, su propia guerra…





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4 comentarios:
Bueno, yo tengo nariz, y también cara; pero anónima en mis secretos y costumbres que no quiero que salgan a relucir... ( me gustó el comentario y me he reído con él ).
Por cierto, buscaré el libro, a tu salud y por supuesto al mio.
Un beso vecino.
Lo que hace una coma, no es que el beso sea vecino. Sino que yo soy una vecina de tu tierra.
1Ay!, estas expresiones...
Un beso, vecino.
Mi apreciada vecina, que sí... que lo entendíii...jejeje...Aunque te confieso, que un beso vecino, es algo que nunca me han dado.
Y por cierto, no cuentes lo que no quieras, pero cuenta algo aquí, que siempre serás bien recibida.
Me alegro enormemente que hayas pasado por aquí.
jeje que título, felcidades por el libro ^__^
Solo una cosa, si yo fuera el personaje te odiaria, pobrecito nunca fue amado U__U
Me haré mi tiempito pa´leerlo.
Saludines y estrujitos
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